domingo, 25 de diciembre de 2016

¡Feliz Navidad!


Queridos amigos del blog:

Hoy quisiera celebrar la Navidad con ustedes  un vídeo que me gustó mucho y por eso deseo compartirlo, y con la tercera de las poesías alusivas a esta fecha tan querida.. 

Rezo por todo lo que me han acompañado y "soportado" durante este año con paciencia, ya que no pude publicar con regularidad. Que la luz que irradia el pesebre, llegue a sus familias, dándoles todo lo que desean, en especial, Paz, tan necesaria para cada uno de nuestros corazones y para el alma del mundo.


Dedico también en esta publicación una poesía a nuestro entrañable primo Gogo, que hace muy pocos días partió a encontrarse con sus padres en el Cielo. 





Yo hubiera sido . . .


 En algunas entrevistas
cuando suelen preguntar
qué te gustaría haber sido
de no llegarte el azar
de ser lo que por destino
o Dios te hubo de tocar,
yo también en ese estilo
me vi tentada a pensar.



Sin límites en la historia,
ni amarre en la geografía.
otra vida, otra memoria,
el infinito a elección:
¿Qué papel o cuál misión
si hubiera estado en mi mano
habría elegido yo?

 Conquistadores y santos
científicos, literatos
para mí son demasiado:
Leí de ellos tales proezas

que me queda grande el sayo.

Sin embargo, me figuro
un personaje ignorado.
Mi nombre no está en los libros
y de nada soy el amo

Un pastorcito quisiera,
(un pastorcito ¡no un rey!)
sería esa Santa Noche,
con mi cabrita, en Belén.

Analfabeto, seguro.
Cuanto más simple . . . ¡mejor!
Él prometió a los humildes
la mayor consolación.

¡Qué paz, Señor, sentiría,
como no la hubo jamás!
Ricos, grandes, poderosos
no la podrían comprar,
mas yo, descalzo, harapiento,
la tendría allí no más.

La luz que irradia el pesebre . . .
Imposible de explicar.
Por eso todos callamos:
sólo se puede adorar.

Mi corazón ya no es carne:
es fuego ,es nube, es amor.
Estoy bajo las estrellas
que alaban a mi Señor.

“¡El Emmanuel ha venido!
¡Ha nacido el Salvador!”
Cantan los ángeles todos.
Los oigo, porque allí estoy.

Quizás, Niño, no me vieras
aunque yo te pueda ver.
Lo que importa es que me amaste
desde antes de nacer
y  en este punto la historia
marcó un antes y un después.

Volvería caminando
con mi cabra y mi cayado
a mi casita en la piedra,

sin lujos y sin reinado.
Les contaría a mis ovejas,
alegre y atropellado:
_ Con estos ojos lo he visto
en un  pesebre acostado.
Una Virgen lo sostiene
 y su padre está a su lado.
No saben lo que se siente.
¡Hoy . . . hoy el mundo ha cambiado!

¿La belleza de Cleopatra?
¿Las huestes de Napoleón?
¿La valentía de Aquiles?
¡No, no las querría yo!

Laureles de cualquier tipo,
cien años de emperador,
toda mi vida daría
a cambio de ser pastor.
Pero no un pastor cualquiera:
un pastorcito con fe
sería esa Noche Santa,
con mi cabrita, en Belén.



¡Hasta siempre, Goguito!

.




             Se fue mi amigo


A poco de la muerte de un amigo,
irrespetuosa por la furia del dolor
increpé a Dios en el sagrario:

_ ¡Qué injusto, Señor, te lo llevaste!
Era bueno, era fiel, era . . .
¡MI AMIGO!

Una voz que en parte
brotaba del santuario,
y en otra, retumbaba dentro de mí
dijo:
_ Lo querías, ¿verdad?
_ ¡Como a mí mismo!
_ Lo extrañas, me imagino . . .
Entonces, del dolor,
irás pasando al regocijo.
_ ¿Alegrarme? ¡Imposible
lo que has dicho!
_ ¿Eres hombre de fe, realmente?
_ Con toda el alma, desde que era niño.
_ Entonces, sabes dónde está.
_ Sí, bueno . . . pero . . .
_ Ya sé lo que te duele:
Es que no está contigo..
No sabes cómo es el lugar exactamente.
Describírtelo en términos que entiendas
trataré . . . a ver . . .

¿Recuerdas que odiaba el invierno?
Pues en este lugar, no existe el frío.
¿Qué a veces, agotado, cojeaba?
Ahora corre, y hasta vuela y no se cansa.
Podía enfermarse o algo lo a quejaba:
Aquí, para el dolor, no hay cabida
y quien solía  estar triste,
 reboza de alegría.
Tú lo quisiste mucho tiempo,
Pero Yo, lo creé desde el Principio.
A ti te falta su abrazo,
mas, ahora, él siente el mío.

Por cierto; me ha hablado bien de ti:
que le hiciste favores, que se sintió querido.
Por eso, Hijo, te bendigo..
Recuerda que no soy como los hombres,
a veces, desagradecidos.       
Yo soy El que es
¡y nunca olvido!

¿No ansiabas lo mejor para él?
Pues . .  ¿qué más quieres?
¡Está conmigo!
                                                            
                                   Teresita de Antueno




martes, 20 de diciembre de 2016

Acompañando el aAdviento con otra poesía y un regalito


El rey

Duerme, Niño, en el pesebre:
tu padre y tu madre velan.
No elegiste cuna de oro,
preferiste las estrellas.

No tienes súbditos reales
pero entonan tus canciones
del cielo, ángeles todos;
de la Tierra, los pastores.

Un acolchado de seda
merecería tu cuerpito
Pero . .  ¡qué te importa eso!
Tienes el cielo infinito.

Mas, todo el que viene a verte,
de emoción lleno se hinca
y no lo hace pro miedo:
es el Amor quien lo obliga.

¿Saben que vienes por ellos?
¿Qué la noche está bendita?
¿Qué  a partir de este momento
la Historia está dividida?

¿Lo desconocen? ¿Lo intuyen?
No importa: la Fe los lleva.
Pues no fueron los Doctores
de  la Ley, que le creyeran.

Lo salvaste,  me has salvado…
¿Qué más pedirle a esta noche,
cuajada por las estrellas,

celada por los pastores?



¡Sigamos preparándonos con alegría!

lunes, 5 de diciembre de 2016

Lluvia y granizo


¡Hola, amigos del blog !

Así estaba el cielo sobre mi jardín hasta hace un momento.












Ahora llueve y graniza


Seguramente, muchos de los que leen el blog no sean cristianos, pero esta poesía que escribí hace varios años, fue leída en el Café Literario al que asisto y gustó mucho.
De allí nació mi idea de compartir este adviento (tiempo de espera, de alegría, pero también de introspección para preparar nuestro corazón para la llegada de Jesús) con ustedes algunos escritos sobre el tema.
Para los que no son creyentes, espero que, al menos, les interese la musicalidad como obra literaria.

Sueño de Belén

Soñé que hace muchos años,
me encontraba yo en Belén.
Érase un camino largo
hacia el que me trasladé.

Mis ropas eran sencillas.

¿Qué buscaba? No lo sé.

Pero una voz me decía:
“Ven: tienes algo que ver.”




Un pastorcito venía
con una vaca y un buey.

Me derramó una sonrisa;
con la mano saludé.


“¿No te da miedo, tan noche,
andar por estos caminos?

Pueden haber salteadores”
le advertí, pero él me dijo:


“No, señor: en esta noche
nada a mí me detendría.

Al que llegó hoy a los hombres
recordaré de por vida.

Mi vaca y mi buey le llevo.

Es poco, porque soy pobre,

pero es lo mejor que tengo.
Mi vaca le dará leche
y el buey, porque con su aliento
mantendrá tibio su cuerpo.

Yo he cometido pecados:

a veces, guardé rencores

o no ayudé a mis hermanos. . .
¡Me avergüenzan mis errores!

Por eso, iba a quedarme.

Mi corazón no está limpio.

¿Quién podría así aceptarme,
como manchado y sin brillo?

Pero dicen que no importa,

que a todos vino a salvarnos

y al corazón lo transforma
con sólo el hecho de amarnos.

Al escuchar sus palabras

¡mi alma sintió un regocijo!

Un gozo que desbordaba.
¡A eso había yo venido!

Entonces, le hice un pedido
que sonó como un clamor:

_ Déjame, niño, ir contigo.
¡Yo también soy pecador!






Espero que les haya gustado. ¡Hasta la próxima y buena semana!


jueves, 24 de noviembre de 2016

"Los hombres son de la Tierra ..."

¡Increíble!

¡Hola, amigos!
¿Tuvieron la oportunidad de ver la luna la semana pasada? 
Casi sin primavera, estamos entrando en el verano. ¡Calor y humedad! O mínimas muy bajas y máximas muy altas. Al menos en las regiones cercanas a La Plata y Capital Federal.





Además, mientras aquí sudábamos, en Ushuaia ...


Los jardines y las plazas, sin embargo, están en su esplendor.

Recordarán que cuando terminamos la novela, empecé un texto que enfrentaba machismo- feminismo  en forma algo extrema con intención humorística. No hubo comentarios escritos, pero por opiniones cercanas interpreté que no había sido entendido así y que se tomaban los dichos como convicciones mías.
Decidí entonces cambiar de tema para que se "relajara" la situación.

Ahora, después de considerarlo, he decidido mostrarles la continuación. Es del mismo tono: quizás con esta aclaración lo lean desde otro punto de vista y les guste. Comenten, por favor, aún si no les interesa. Sus palabras me orientarán.





La culpa









                        En la mujer
  Nacimos con culpa, nos criaron con culpa, alimentamos la culpa, nos fomentan la culpa. Ya sea por una o por todas las nombradas semillas y sus riegos, este no es un tema menor en nuestro género.
     Si tenemos marido,  hijos y/ o padres mayores a cargo y  trabajamos fuera de casa, sea por realización personal o por el necesario sustento, nos angustiamos con monólogos sin salida:
v  ¿No estaré siendo egoísta, pensando en nuestra realización personal y quitándole tiempo a mi familia?
v  Las tensiones me provocan contracturas. El médico me recetó masajes, pero… ¿quién les prepara la merienda a los chicos?
v  Me gustaría hacer alguna actividad física, pero si lo hago no tengo tiempo para preparar la cena, y eso de pedir comida hecha no es saludable.
v  Si dejo algo preparado antes: ¡se lo comen todo y cuando llego no hay nada!
v  El nene tiene fiebre.  Si falto al empleo, el jefe no me dice nada, pero al otro día me pone una cara. Si lo dejo con la niñera/ abuela/ tía, ya sé que voy a estar preocupada todo el día y a llamar cada rato.
v  Si yo me enfermo, mi marido no puede faltar para cuidarme porque él en su empleo es in- dis- pen-sa- ble. Además, seguro que si las cosas se complican no va a saber qué hacer. Si quiero un simple jugo de naranja, me tengo que levantar yo.
v  Si alguno de los chicos se despierta a la noche, me levanto yo, porque al otro día, aunque sea mal dormida, me despego de la almohada, hago el desayuno y preparo a todos para la escuela. En cambio él, ¡pobre! sin sus ocho horitas de sueño, no sirve ni para espiar.
v  Estoy esperando una película nos perdimos en el cine hace dos años y desde la semana pasada la están publicitando poruque  van a darla por la televisión. Cenamos temprano, lavé los platos, acosté a los chicos . . . ¡Increíble! Hasta alcancé a poner el agua para hacerme un tecito. Desde la cocina miro el sillón el living: marido e hijo mayor mirando el partido. Es el clásico: ¿cómo se lo van a perder? Ya está el agua. Me preparo el té, busco una revista o un libro que empecé  a leer en las vacaciones y tuve que suspender cuando la nena se raspó por primera vez la rodilla y me lo llevo a la cama.
v  Llueve. Tengo un montón de ropa acumulada. Para colmo, mañana la nena tiene educación física y mi marido juega al paddle con los amigos. ¿Cómo no vi las nubes o escuché el pronóstico así lavaba antes? ¿Qué se van a poner?
v  Son las doce de la noche y  no doy más así que me voy a dormir. Ya estoy en la cama. Él ronca. La casa está en silencio. Me pongo los auriculares del celular: ¡Qué lindo, música clásica, para relajarme hasta llegue Morfeo! De repente, me asalta una acusación desde la conciencia: “¿Por qué no puse una carga más en el lavarropas, así iba aflojando para mañana?”.
v  Si por alguna razón, llego a casa un rato antes que los demás integrantes de la familia, a cada uno que entra, además de contestarle el “Hola, mamá”, u “Hola, mi Amor” le estudio la mirada. Y leo. Leo, más que entre líneas, entre pupilas: “Olor a comida no hay”; “¿No había que hacer mandados?”;  “Mmm . . . seguro que no me ordenó la pieza.”; “La mesa no está puesta”; “¿Llamó a la pizería otra vez?”; “Que me haya arreglado las calzas para el cumpleaños del sábado, que me haya arreglado las calzas para el cumpleaños del sábado, que me haya . . . “ (este último es en tono de letanía y, a veces, cruzando los dedos, aunque implique una contradicción entre la fe y la superstición).

v  Necesito zapatos. La mitad de los que tengo no resisten otra visita más al zapatero: ya les hice poner suela de goma, cambiar chapita y por más que lustro y lustro la puntera, no se disimula el color gastado. La otra mitad están tan pasados de moda que si Margarita Sánchez tuviera una tertulia y no supiera qué ponerse, me los pediría a mí. Razones para comprar nuevos, sobran, pero . . . En quince días es el festival de patín de la nena y  no la voy a mandar con el mismo atuendo de la última vez. El sábado la mayor tiene un cumpleaños de quince: tampoco puede ir con lo mismo que al anterior. ¡Van las mismas compañeras y se van a dar cuenta! Además, el otro día, el rey del “fulbito” con los muchachos dejó las zapatilas tiradas en la cocina, como siempre (me parece que lo hace por seguridad, más que por descuido, pobre, porque si entran ladrones, con el olor se desmayan) y les eché una miradita: están casi para la jubilación. Con tantas necesidades: ¿se justifica que yo haga tanto derroche? ¡Voy tirando dos meses más que empiezan las liquidaciones!
v  No pasé por casa de mamá ni llamé en todo el día. A mi hermano seguro que ni se le ocurrió ir para preguntarle si necesitaba algo. Con mi cuñada no cuento porque ¡le tiene una tirria! Mi mamá a ella…  ¿O es ella a mamá? Bueno, parece que es mutuo y para el caso da lo mismo porque ni mi cuñada va a ofrecerle ayuda, ni mamá se dejaría servir un té por ESA, como le dice ella, que le robó al NENE que podría haber elegido algo muchííííísimo mejor. Estoy cansadísimas. ¿La llamo? Me arriesgo a dos panoramas: Si el día fue bueno, me cuenta que se encontró con la peluquera, que papá está mejor de la gota, que floreció el jazmín . . . y nos quedamos media hora pegadas al teléfono. Si los astros le fueron adversos,me detalla todas las partes de su anatomía (y de la de todos los parientes de los que tuvo noticias) que le pasaron factura y la deprime mirar por la ventana porque las flores están agonizando. . . y nos quedamos una hora pegadas al teléfono.  ¿No la llamamos hoy? Más de mañana no puedo pasar y entonces me toca la cantinela: “¡Ah! ¿Te acordaste? Porque una se puede morir acá sola y tirada, hasta que los vecinos por el olor llaman a la policía. Tu hermano no puede, pobrecito. Si vive para el trabajo y para darle a ESA todos los gustos. ¡Ni a los chicos me mandás! ¡Claro! Como ahora son grandes, ya no necesitás que te los cuide.” Y me quedo dos horas pegadas al teléfono,  a la culpa, a la bronca y a una contractura cervical por haber tratado de ir preparando la ropa que llevaré al día siguiente a la oficina, pelando la verdura y haciendo la lista de las compras con el inalámbrico apretado entre el hombro y el cuello.
v  Mientras algo va marchando en el horno, aprovecho a planchar. Veo por la ventana que unos feos nubarrones se acercan, o que está atardeciendo. Se me ocurre  una idea innovadora. En lugar de salir a recoger la ropa tendida antes de que la sorprenda la noche o la lluvia, le pido a mi marido, hijo, hija… cualquiera que esté a la vista, que lo haga. Alguno acepta (quizás porque le cayó la ficha de las miles de veces que me quejo: “¿no hay nadie que me ayude en esta casa?). Lo hace sin quejarse. Miro el montículo que trajo y recapacito: “Le corté lo que estaba haciendo. ¡Pooooobre! ¡Si yo en una corridita (como siempre) lo hacía!”

v  Tengo una cita. Causa probable de culpa número uno: ¿Me arreglo de manera muy seductora? ¡Va a pensar que soy una cualquiera! ¿Demasiado recatada? Puede imaginar que soy una reprimida o, en su defecto, unas atorranta, vestida así para disimular.
v  Causa probable de culpa número dos: ¿Hablo mucho? Voy  a parecer egocéntrica. Y si encima toco muchos temas: política, arte, música… mmmm… ¡encima inteligente! No, no conviene. ¿Hablo poco? Creerá que soy aburrida o que tengo algo que esconder.

 En el hombre 


No quiero comenzar indicando que ellos, primero, tendrían que buscar el significado de la palabra en el diccionario, porque sería muy agresiva. Además, pienso que sí la cuentan en su haber, pero, ya sea por la manera en la que se los educó o por mandato social, es mucho más acotada.
v  El nene amaneció con fiebre. Mejor que se quede mi esposa a cuidarlo porque, como la madre ¡no hay! Además, si falto por una razón como esa, después el jefe... ¡me mira con una cara! ¡Y hay que aguantarlo! ¿Eh? Ni hablar de los compañeros que van a pensar qué clase de mujer desamorada tengo que lo deja en mis manos. Por otro lado, lo que me toca hacer a mí en la oficina, no puedo delegarlo. Si lo agarra otro, cuando vuelvo, me encuentro que me hizo un desastre y por faltar un día, necesito tres para arreglarlo.
v  ¡Uy! ¡No la llamé a mamá! Bueno… seguro que mi hermana o mi cuñada se acordaron. Si pasó algo grave me van a avisar. Ellas entienden que estoy muy ocupado.
v  Mi esposa me encargó que comprara algo al salir del trabajo. ¿Qué era? ¿La llamo? ¡No! Va a pensar que soy  un desmemoriado, o, peor, que no le presto atención cuando me habla. ¿Para qué perder tiempo? Seguro que era una pavada y aunque no lo lleve se arregla igual. ¡Claro! ¿Será por eso que la última vez que hice eso me dijo: “ No, no te preocupes. La tarada soy yo que cuento con vos… y nunca aprendo.”?
v  Ella está cocinando y planchando a la vez, mientras, sentado en el sofá, leo el diario. Miro por la ventana: atardece ¿o amenaza lluvia? Hay ropa tendida. ¿Y si me ofrezco para descolgarla? O la traigo, directamente, como en sorprendida cooperación. ¡Nooo! A ver si lo toma como costumbre y se convierte en una obligación adquirida. ¿Y si justo está espiando un vecino machista? Total… seguro que ella ya se está dando cuenta y, en un rato, pasa corriendo y vuelve con los brazos llenos, como siempre. Eso sí: si pasa cerca, me ofrezco para ayudarla a compartir la carga.


Espero que ahora hayan entendido un poco más mi intención. Me despido con otra imagen nevada.



'

¡Hasta pronto!

lunes, 14 de noviembre de 2016

Tema nuevo


 ¡Hola, amigos del blog!

Otra vez nos encontramos un domingo. Este fue rarísimo climáticamente: llovió desde la noche y a la tarde salió el sol. Podría ser una metáfora (lástima que muy usada) de las circunstancias difíciles de nuestra vida y la esperanza del resurgimiento.





Como no hubo ningún comentario en las dos entregas anteriores, se me ocurrió cambiar de tema a ver si se entretenían más. Así que ahí va una anécdota. Está en mi último libro, “Historias de paz (¿Quién dijo que todo está perdido?)”. Quizás estén regresando  una reunión familiar (amenizada con rica comida y un buen vinito), o de algún paseo (hoy en La Plata había varios eventos), o simplemente sigan acurrucados en la modorra dominguera que favoreció la mañana de lluvia. Los invito a bajar un poco la velocidad, acomodarse, y acompañarme en esta reflexión. A riesgo de ser repetitiva, les sugiero que hagan comentarios. Creo que este texto es ideal para hacerlo.







                                              Los verdaderos revolucionarios

Cuando supe que debía dirigir unas palabras en el colegio donde me desempeño como profesora de Lengua, para el aniversario del golpe de estado del setenta y seis, me preocupé bastante, (no porque estas me falten , al contrario, son el instrumento de mi profesión y, a veces, la tortura de mis amigos), sino porque mi opinión respecto de los hechos que se recuerdan difiere bastante de la de la mayoría, y, en tiempos de tanta confrontación, lo último que necesitaba nuestro querido país, eran más divisiones.
Soy docente: mi vocación no es adoctrinar, sino enseñar; soy cristiana, así que mis palabras debían sembrar la paz, y no la discordia, y soy misionera, por lo tanto, no debía imponer MI verdad, sino dar elementos para que cada uno la encontrara en su interior.
    Por lo tanto, hice lo mismo que cuando selecciono una obra para leer en mi materia : buscar algo que deje un MENSAJE. Y se me ocurrió el siguiente: sea cual sea el caso: guerrilleros o militares, oficialistas y opositores, católicos y no católicos, judíos y musulmanes, políticos y pueblo… y hasta equipos de fútbol rivales. A lo largo de la historia, he aprendido una cosa. Cualquiera sean las diferencias:
                               
LA VIOLENCIA NUNCA ES LA RESPUESTA.





Un verdadero revolucionario no utiliza la violencia para demostrar la validez su teoría.
Un idealista convencido, no tiene que apuntar con un arma para convencer. Si realmente tiene la razón, bastará su palabra y, más aún, su ejemplo, para que quieran seguirlo.
Jesucristo dividió la historia en un antes y un después, y no arrojó ni una piedra: al contrario, sabemos que los que estaban a punto de castigar a una mujer, al oír sus palabras, las soltaron.
¿Vieron alguna foto de Mahatma Gandhi empuñando un fusil? Y logró, nada menos, que la independencia de la India.

Santa Teresa de Jesús hizo reformas radicales en la vida conventual, y no se conocen de ella ni siquiera palabras de odio.
La Madre Teresa de Calcuta inició una verdadera guerra al hambre y al abandono, sin violentar a nadie, y tocó profundamente millones de almas, aún de aquellos que no la conocieron personalmente ni practicaban religión alguna. Dando un discurso en el Estado económicamente más poderoso del mundo, tuvo la valentía de decir que estaba en un país en donde, con el aborto y la pena de muerte, el asesinato se había vuelto legal. No amenazó a nadie, no gritó, no se enojó, pero el mismísimo presidente, allí presente, tuvo que escucharla, y, no me cabe la menor duda de que habrá tenido en qué pensar esa noche al poner la cabeza en la almohada.


Martín Luther King, un pastor, con sus discursos y su tenacidad, logró la mayor parte de los derechos que hoy tienen los negros en los Estados Unidos. La palabra, la fe en sus creencias, la fe en Dios, la vida recta. . . eso fue suficiente para los millones (blancos y negros), que lo seguían. Ninguna de sus estrategias incluyó el uso de la violencia. Más aún, prohibía a sus partidarios el uso de la misma.

Nelson Mandela soportó años de cárcel, y fue elegido presidente. Hubiera podido usar la venganza (ahora tenía el poder y los medios) contra sus detractores, y no lo hizo.


San Francisco de Asís. . .  ¿qué más revolucionario que difundir el desprendimiento de las posesiones materiales en un mundo donde todos eran por lo que tenían? Pero no fue casa por casa, espada en mano, a obligarles a los ricos a entregarles sus pertenencias a los pobres. Él se desnudó primero.
Y así encontraríamos miles de ejemplos, y muchos que permanecerán siempre anónimos.





Repito.
                             LA VIOLENCIA NUNCA ES LA SOLUCIÓN

Es cierto que hay países que forman verdaderos imperios que oprimen a los que menos tienen, pero volar las Torres Gemelas no me pareció una buena forma de hacérselos saber.
El mismo Papa Su Santidad Juan Pablo II, pidió perdón por las Cruzadas.
Un hombre que quiso defender la idea de que su raza era la única perfecta, mató a millones de judíos por ese “ideal”.
Un idealista no es un loco. Un revolucionario no es un asesino. Más bien hay locos o asesinos, que esconden o justifican su patología disfrazándola de ideal.
Un idealista no es capaz de matar por su causa, sino de morir por ella.
 ¿Qué más pruebas necesitamos? ¿El siglo XXI y todavía no lo entendimos?
                     
                 LA VIOLENCIA OBLIGA, PERO NO CONVENCE.

Si no te gusta como son las cosas hoy, si sos un idealista, si querés “revolucionar” el mundo, me parece fantástico. Es más, me resultaría extraño que, siendo adolescente, fueras conformista.
¿Tenés un ideal? ¿La doctrina cristiana la igualdad social, más educación, la inclusión de las personas con capacidades diferentes…, el que sea? ¡Genial! Nuestra generación confía en la tuya. Convencénos de que tu idea es válida. Pero no escribas las paredes en la calle, ni los bancos de la escuela, ni las estatuas de las plazas, ni contestes groseramente a tus profesores y a tus padres faltándoles el respeto, ni te agarres a trompadas con el que piensa diferente. Hablános, comprometéte, planificá qué querés de tu vida, trabajá, estudiá, conocé tu causa y aprendé a amarla. Cuando hagas todo eso, puede ser que  convenzas a uno, a dos, a varios o a miles, no importa. Porque sólo entonces, el mundo comenzará a cambiar.
                                                                           




Espero que les haya gustado ¡Hasta la próxima semana!

domingo, 6 de noviembre de 2016


Domingo de sol y muuucho calor. Me imagino las plazas llenas de gente tomando mate y chicos jugando. 

Les mando un paisaje para que se imaginen sentados en una de las piedras o en el pasto, con los pies en el agua fresca.

Mientras yo también imagino que estoy escribiendo en esta casa que parece fresca, aunque el paisaje no corresponde a esta estación. Da una sensación otoñal, más que de primavera, pero me daría mucho placer estar allí.









Antes de empezar con lo que tenía preparado para hoy, quiero comentarles algo: me sorprendió no encontrar comentarios la semana pasada, a pesar de observar veintiocho visitas. Mi primera impresión fue que no les había interesado, hasta que un amigo que lo leyó me dijo que no estaba de acuerdo con casi ninguna de mis ideas.Que era una visión machista y que las cosas no eran en estos tiempos tan así.
Por lo tanto, saqué otra conclusión: no coincidían y, por no discutir, prefirieron no comentar nada. Por eso les aclaro dos puntos: el tono era humorístico, exagerado y casi caricaturizado pero parece que no supe hacerlo entender así y pensaron que reflejan MI OPINIÓN sobre esos temas. ¡En absoluto! 
El otro punto, ya aclarado en la publicación anterior, es que una de las intenciones era debatir con comentarios, que no tenían necesidad de coincidir conmigo ni ser serios: podían hacer chistes o subir imágenes, dar ejemplos de situaciones cotidianas cómicas ....
Comenten si hay algo en lo que no están de acuerdo y aporten lo que quieran. No lo tomaré a mal,al contrario, me enriquecerá. 
Y ahora, a lo nuestro. 

Actitudes compulsivas que tenemos . . . .

Las mujeres

Compramos todas las ofertas, con la excusa de que ahorramos.
Preguntamos hasta lo más íntimo, porque queremos tener elementos para poder ayudar a la amiga que tiene un problema.
Repetimos diez mil veces: “Los hombres son todos iguales”, para confortar a una amiga
 traicionada. y a nosotras también.
Rompemos con un embustero y nos proponemos: “Con m mentiroso, ¡nunca más!”. El próximo nos dice que somos la mujer  más hermosa que ha visto y pensamos: “¡Este hombre sí que tiene buen gusto!”.
Pedimos orientación para llegar a un lugar antes de ir, y cada dos cuadras de camino, porque al último al que le preguntamos no le entendimos nada pero no le pedimos que nos lo explicara de nuevo por temor a que pensara que éramos taradas.
Cuidamos que siempre estén impecables nuestros hijos, esposos, padres mayores y hermanos menores, porque si los ven desarreglados, van a pensar “¿Qué clase de madre,/esposa,/hija o/hermana tiene esta pobre piltrafa que no se ocupa de él?”
No les permitimos que se arruguen, sienten, paren, arrodillen, jueguen, coman ni estornuden una vez que los hemos convertido en nuestra obra maestra . . .  por la misma razón.
Si nos cruzamos con una compañera de trabajo y nos saluda con mala cara, nos preguntamos “¿Qué le hice? ¿Metí la pata? ¿Conté algo de ella? ¿Le contaron algo de mí? ¿Le contaron que conté algo de ella? ¿Le contaron algo de mí que no sabía y cree que tendría que habérselo contado a ella primero? ¿El jefe le llamó la atención y cree que fui yo la que la mandé al frente? ¿Cree que le usé la taza, o la toalla, o la abrochadora, o la lapicera, o que estoy haciendo contrabando hormiga llevándome ganchitos de su escritorio? “. Y le preguntamos a otra compañera, al ordenanza, al chico de los mensajes, al portero y a la señora del buffet si sabe algo.
Cuando tenemos pareja, le dedicamos  todo nuestro tiempo y “desaparecemos” para nuestras amigas. Si la pareja naufraga, recurrimos a ellas, las incondicionales, les contamos todas las injusticias que nos hizo sufrir ese mal agradecido y les prometemos que nunca, nunca, nunca más, vamos a permitir que un estúpido macho nos aleje de ellas.


Los hombres

Hacen zapping continuamente, pero dicen que es para tener más opciones.
Cuando una mujer los desaira, exclaman “¡Las mujeres son todas iguales!”, y se ponen
a la caza de una igualita a la anterior.
     Dejan a una mujer que les sugiere cómo conducirse en algunos aspectos porque “es una
manipuladora” y siguen viviendo con la mamá, que les dice a cada momento exactamente lo
que tienen que hacer. . .  pero ella lo hace por su bien.
No preguntan direcciones aunque estén perdidos, porque piensan que un hombre que no nació con un GPS incorporado, es una vergüenza para su género.
Arrugan, estrujan, ensucian la ropa que les hicimos poner por alguna de estas tres razones, o por todas ellas.
a)      No entienden por qué le damos tanta importancia.
b)      No les importa en absoluto cómo quede la ropa después de que hacen lo que quieren.
c)      Jamás en su vida lavaron ni plancharon, así que no tienen la más pálida idea del trabajo que significa.
d)     Creen que si algún amigo, hermano o cualquiera de su género se da cuenta de que cuida la ropa va a pensar que es maricón o polllerudo porque tiene miedo a lo que le diga la mujer cuando llegue.
 Si se cruzan con una compañera de trabajo y los saluda con mala cara, piensan: “Está en “esos días” y siguen de largo, sin pensar más en la cuestión.
   Si les ocurre lo descrito anteriormente, pero con un varón, piensan:
a)      “¡Pobre! También . . . ¡con lo mal que le va a  . . . “(complétese con el equipo de fútbol del cual el alícaído trabajador es fanático.)
b)      “Y bueno . . . . ¡con la esposa / novia/ suegra/ cuñada que tiene!” Estos parentescos  son válidos como excusa tanto en forma  selectiva, como todas a la vez. Obsérvese que ninguno es masculino.
c)      “A este lo encaro aparte y si se pasa de la raya, le pongo los cinco dedos en la cara: ¡Qué se cree!”

El material que pensaba publicar era más extenso, pero subí sólo una parte para no cansarlos. Lo bueno, si breve ...



   De todas formas, no todo va a ser sobre el mismo tema: mecharemos con poesías, algún relato, una reflexión. Bueno, espero haberlos dejado más satisfechos que la semana pasada y ¡comenten! ¡escribamos entre todos!
Terminen muy bien el domingo, quizás con una tarea relajante como regar las plantas o, simplemente, gozando del atardecer.¡Hasta pronto, si Dios quiere.